Un radar de la DGT en Madrid escondido bajo un cono siembra la alarma entre los conductores

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12 octubre, 2018
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La alarma se ha desatado en Twitter esta semana con la fotografía de un radar de tráfico situado en la calle Gaztambide (Chamberí), oculto bajo un cono y ubicado en la zona de aparcamiento. El hecho de que coincidiera en tiempo con la aprobación de la nueva ordenanza de Movilidad, que reduce la velocidad a 30 kilómetros por hora en el 85 por ciento de las vías de la ciudad, y la inminente entrada en vigor de Madrid Central, ha llevado a los usuarios a pensar que el Ayuntamiento de Madrid ya ha comenzado a multar de este modo tan sorpresivo. Pero no. Puede estar tranquilo. No le va a llegar ninguna multa, al menos por el momento, pese a que la Dirección General de Tráfico está utilizando los datos de su vehículo.

 

Se trata de un dispositivo por sensor remoto que mide las emisiones contaminantes que salen por el tubo de escape en los vehículos. Desde este otoño, y hasta dentro de dos años, esta tecnología se va a mover por las calles más representativas de la ciudad diariamente –a excepción de las jornadas de lluvia– para captar información de 700.000 coches al año. El Gobierno de Manuela Carmena no tiene nada que ver en este proyecto de la Unión Europea denominado Life Gystra. Lo único que ha concedido la Administración municipal es la licencia para que la empresa Opus- RSE, con doce años de experiencia en la medición de emisiones reales en vehículos, pueda ocupar la vía pública con sus dos dispositivos móviles. Life Gystra ha sido desarrollado por el centro tecnológico vallisoletano Cartif, en consorcio con la DGT, la empresa Opus-RSE y el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat). El modelo piloto en España comienza en Madrid. En paralelo, en la capital de Bulgaria, en Sofía, se analiza una flota controlada de 150 autobuses.

Puede acabar en multa

Javier Buhiga, jefe de consultoría de Opus-RSE, informa de que el primer paso de este plan es «concienciar» a los conductores sobre la contaminación. En una segunda fase, detalla, «se transmite la información a las administraciones públicas para que lleven a cabo políticas justas acordes a las cifras». Por último, se trasladan esos datos a los ciudadanos: «La idea principal es realizar una medición real de las emisiones de los vehículos. Habrá propietarios que no sepan que su coche contamina mucho, aunque lo haya comprado recientemente, como ocurrió con el caso Volkswagen. El objetivo es informarles de ello».

 

 

Buhiga especifica que cuentan con dos dispositivos RSE para medir las emisiones de 1,4 millones de coches. La cámara encontrada bajo un cono en Gaztambide pertenece a la DGT, que toma fotos a las matrículas para que la empresa OPUS pueda ajustar cada estudio al modelo de vehículo, tipo de combustible, edad del coche, etcétera. «Lo necesitamos para hacer un análisis de las emisiones, para poder interpretarlas y cuantificarlas, pero no es el radar en sí mismo, lo colocamos cerca del radar para poder tomar también esa información», aclara.

Desde la página web de Cartif, coordinador del proyecto, detallan que finalmente los vehículos identificados como «emisores altos» recibirán una notificación para que lo reparen. Si vuelve a ser «cazado» con esta catalogación, el propietario será apercibido. «Con la reparación se espera una reducción de emisiones del 14,8% en monóxido de carbono (CO), 2.8% de hidrocarburos y 22,7% de óxido nítrico (NO) y dióxido de nitrógeno (NO2) del volumen total de emisiones. Si sólo se repara la mitad de estos vehículos, sería posible reducir las emisiones de CO2 hasta 16 millones de toneladas al año», contemplan.

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